Desfiles

Alta Costura: Dior

Se puede ser feminista y soñar con ser princesa.

Esta reflexión, con la que estoy profundamente de acuerdo, es la que parece subyacer en las creaciones de Maria Grazia Chiuri para la maison Dior.

La directora creativa presentó en su último desfile, el primero en esta casa, unas camisetas que portaban un lema claramente reivindicativo; we should be all feminists. Su llamada fue aplaudida y muy bien acogida por el mundo de la moda, inmerso ahora en este proceso de empoderamiento femenino. Esta semana la ex-diseñadora de Valentino, en su primer desfile de Alta Costura, nos sorprende con un bosque encantado lleno de ninfas y princesas.

El lugar elegido para hacernos soñar fue el museo Rodin, convertido en un entorno onírico; un laberinto formado por arbustos y matorrales que se reflejaban en el techo de espejo haciendo multiplicar el espacio y convirtiéndolo en un bosque infinito.

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Bajo acordes enigmáticos, un grupo de modelos surgía de las entrañas de esta frondosidad vistiendo riguroso negro, destilando austeridad y misterio. Trajes de chaqueta con silueta Bar revisitada, transformada en capa o accesorizada con capucha. Faldas pantalón y cultottes con pliegues o sobrefaldas.

El corte parece impecable, perfecto.

En la mirada, máscaras de crinolina otorgan enigma a estas damas de negro.

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Los modelos Esprit de Changement, Séduction d´Esprit y Ombragé.

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Modelo Hyptonique, Leonor y Théssée

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Máscara mosca de crinolina, correspondiente al look Transformation Sublime

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A la izquierda Voyage de l´ame; traje Bar con falda plisada. A la derecha Mystère et Songe; vestido-abrigo con brizna de muguet y vestido de muselina plisado. Cofia punk de plumas quemadas.

Pero tras la oscuridad se hace la luz, y aparece un vestido bustier de lana en luminoso marfil, acompañado de un sombrero de plumas perfiladas.

Tras ella, comienza el sueño de una noche de verano, con una serie de vestidos de talles ajustados y faldas bordadas con encaje de Chantilly.

El vestido Tarot, abajo a la izquierda, en tafetán de seda pintado y bordado, requirió mil cuatrocientas horas de trabajo para su realización.

En el centro, Essence d’Herbier, vestido de cóctel con flecos de color crudo, bordado floral de rafia e hilo siguiendo un original de Monsieur Dior. La diseñadora de la firma, ha querido bucear en los archivos de la marca, que se presentaban ante ella como un complejo laberinto donde las flores tenían un papel esencial.

A la derecha, el vestido Tyche, en tul de seda verde almendra, salpicado de tréboles de cuatro hojas bordados. En la cabeza, el tocado con el que todas soñamos ya: un ramillete de flores de seda bautizado como Diorissimo.

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Las flores siempre han sido un componente necesario en el imaginario de Christian Dior, que escribió sobre ellas “Después de la mujer, las flores son las creaciones más divinas. Son delicadas y encantadoras, pero se las debe tratar con cuidado”. No han faltado en el desfile.

Blanca Padilla lució otro de los modelos más espectaculares acompañado de esta guirnalda de fiesta campestre con flores de seda, rafia y abejas.

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Y es que soñar con ser princesa es algo atemporal, transversal entre generaciones ,  una fantasía imperecedera.  Al igual que los diseños de Dior. Siempre serán eternos.

Fotos de Dior.

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