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septiembre 2017

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Inspiration

El vestido más importante de mi vida (II)

Y por fin vimos el resultado. Tras las últimas pruebas y arreglos para que la falda estuviera perfecta, una semana antes de la fecha de la boda por fin pude llevarme mi vestido a casa.

El 16 de septiembre llegué al Palacio de Villapanés, donde pasaría mi última noche de soltera, junto a mi madre.

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Coloqué algunos objetos en mi habitación, mi agenda de la novia que tanto me había ayudado, las fotos que me acompañaban y, por supuesto, el vestido. Ahí colgado en el portón de la habitación 213 parecía aún más delicado y precioso.

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No quise que fuera blanco del todo, no sé porqué en mi cabeza siempre lo imaginaba plata, así que buscamos el satén fino perlado para el top y la falda que iría debajo del encaje.

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Creo que el vestido se construyó en función de los zapatos, y no al revés. Siempre había soñado con tener los Hangisi, de Manolo Blahnik. Mi padre quiso regalármelos cuando terminé mis estudios pero entonces pensé que quería un regalo más ‘académico’, algo que me diera suerte en mi carrera profesional y le dije, “espera a cuando me case”. Y, aunque el tenía intención de regalármelos, el novio se adelantó en nuestra pedida.

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Lo cierto es que me dolían desde que me los probé… salvo el día de la boda. Como si pisara las nubes, aguanté con ellos hasta el final.

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Desde el principio la idea fue completar el vestido con un velo de mantilla, pero en el último momento, vimos que quitaba protagonismo a la falda. Recordé esa frase de Chanel de ‘antes de salir de casa, quítate uno o dos accesorios’ y decidí llevar simplemente la tiara de la familia del novio. Era espectacular y lucía por sí sola.

La otra joya fueron unos brillantes de mi tía abuela, unidos a unas preciosas perlas y, por supuesto, mi anillo de pedida.

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El  toque final lo ponían estos mitones de tul de Cortana. Mi ramo y el de los pajes fue obra de Leo Campos.

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Del maquillaje se encargó Quino Amador, y del pelo Alvaro Torres
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También se ocuparon de mi madre y mi hermana, que se vistieron conmigo.

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Esta foto de los momentos previos es una de mis favoritas…

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Quería que el pelo me quedara muy natural, como lo llevo yo a diario, incluso pensé en llevarlo suelto con ese efecto ‘sin peinar’ mío, pero Alvaro y Quino me recomendaron darle algo de forma para estar a la altura de la tiara.

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Mi madre iba vestida de Ralph Lauren y mi hermana de Etxart & Panno, pero a eso ya le dedicaré un capítulo en el próximo post de invitadas.

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Recuerdo que no tuve consciencia del tiempo hasta que le pregunté a Sara qué hora era. “La una menos cinco”, me contestó. Faltaban cinco minutos para pasar por el altar. Ahí, en ese momento, me llené de nervios y la emoción. Mi madre y mi hermana fueron a la Iglesia y por fin, mi padre llegó a recogerme…

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Y hasta aquí, sobre mi vestido… El resto de detalles os los contaré en ‘Sobre flores y champagne (II)’…

Feliz semana y feliz fin de septiembre.

(Todas las fotos son de Sara Lobla)

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Cómo llevar qué

Plumas, para qué os quiero

Por su teatralidad, por su dramatismo y por su efecto inmediato. Y es que dicen, que tras épocas de escasez económica la moda se vuelve imaginativa para hacernos soñar de nuevo y evocar tiempos mejores. Sea como fuese, algo hartas del minimalismo y el normcore (necesario en nuestro armario del día a día) le damos la bienvenida a las plumas.

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NEW YORK, NY - SEPTEMBER 10:  Giovanna Battaglia is wearing a red leather skirt seen in the streets of Manhattan during the New York Fashion Week on September 10, 2017 in New York City.  (Photo by Timur Emek/Getty Images)

Y si has tomado nota de cómo las lucen las reinas del street style, te habrás dado cuenta que ya no hay ninguna ninguna referencia al look princesa. Ya no se trata de llevar una falda abollonada de plumas con un cuerpo sencillo, ahora el toque está en los puños, los bajos de los pantalones o los remaches de las faldas. Y además, el resto del look no tiene porqué ser plano, de hecho en Prada las plumas se presentan coronando estampados psicodélicos o geométricos y llenos de colorido.

En tiendas como Zara o Mango aún hay poco material, pero esperemos que vayan tomando nota de la tendencia:

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Sudadera (22,95€), palas de raso (49,95€), mules de tacón con abalorios (59,95€) y pantalones estampados (29,95€). Todo, de Zara. Camiseta con plumas (15,99€), de Pull & Bear. Borsalino (45€), de Bimba y Lola.

Para las que puedan permitirse un capricho, en las webs de lujo multitarea encontramos verdaderos tesoros, en su mayoría firmados por la precursora de la tendencia.

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Bata de satén de Carine Gilson. Falda de cuadros de lana, de Prada. Pendientes de plumas, de Oscar de la Renta. Top de Halfpeny London. Bolso modelo Dionysus, de Gucci.

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Abrigo batín y sandalias, de Prada. Falda de satén, de Miu Miu. Gargantilla de plumas, de Rosantica. Top de Dries Van Noten.

Y tú, ¿te sumarás a la microtendencia de las plumas?

Fotos vía Pinterest.

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Inspiration

El vestido más importante de mi vida (I)

Hace ahora un año estaba inmersa en mi particular cuenta atrás… Esos días interminables, de alarmas a cada hora, post its en mi maltratada agenda y pruebas con regusto a champán y rosas (manicura, tarjetones, flores y más flores…). Y ahora, doce meses después, tras haberlo vivido, reposado, compartido primero y en primera persona con todos los que había a mi alrededor, me apetece muchísimo compartirlo ‘con el mundo’.

Y como éste es un blog de moda y de cosas bonitas, hablaremos principalmente de lo inevitable;   el vestido, el secreto mejor guardado de la novia. El  más sencillo del mundo, y a la vez, el que más tiempo me costó y más trocitos de mí me llevó.

IMG_5437Para empezar, me resulta imposible encuadrarme en un solo registro. “Yo no me adscribo a ninguna tribu urbana” dice Alvaro con retintín cuando me imita. Pero es verdad, el batiburrillo de ideas que azotaban mi cabeza iban desde el  minimalismo  de Carolyn Bessete o el clasicismo de los vestidos de Alta Costura de Chanel (esos hombros estructurados, el tweed, las perlas) a la tendencia australiana del encaje en clave boho que a la vez conectaba de maravilla con mis raíces sevillanas. En esta vorágine de ideas me sumía cada sábado por la mañana, intentando sacar algo en claro.

De repente un día, entre las miles de revistas, encontré una foto de un modelo de Chus Basaldúa, de sencilla camisa y falda de plumas y sentí un flechazo total.

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Sin pensarlo, pedí cita (el taller estaba en mi misma calle y eso lo consideré una señal) y esa semana me enfundé en el conjunto… pero surgieron las dudas. ¿En serio voy a vestir plumas en pleno Septiembre en Sevilla? Desde luego, no era la mejor de las ideas. ¿Posponer la boda a invierno? Ana se te está yendo la cabeza… Lo descarté, al igual que un modelo similar que encontré en Pronovias. Anoté mentalmente para consolarme: “Esto te quedará mejor con más solera, dentro de 20 años, para tus bodas de plata” Y así, guardé algo decepcionada mi primer recorte nupcial en mi cajita de inspiraciones.

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Tras este primer round y convencida por mis amigas de Madrid que querían una boda con folclore andaluz,  comencé a trabajar en la idea del encaje. Quería quitarle la parte más tradicional, imaginaba algo muy romántico, ajustado, un look años 40 sofisticado…

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También veía que había una tendencia (recomiendo la web The Lane) del encaje en un estilo más bohemio pero muy romántico y apetecible. ¿Podía encajar?

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Comencé a enviarle toda esta inspiración a Maruca, del taller Etoile. Una amiga en común me puso en contacto con ella y desde el principio conté con ella para la realización de mi vestido. Maruca, a parte de gusto innato, tiene paciencia infinita y aguantó mis vaivenes de muros de inspiración, retales, fotos y demás.

Con esto, comenzamos a buscar los encajes en Jose María Ruiz y a definir un poco la línea.

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La cosa estaba empezando a tomar forma así que le pedí a mi madre que viniera a Madrid a ayudarme a elegir la tela definitiva. Decidí que  sería bueno probarme algún vestido ya confeccionado de encaje y aquí fue cuando vino la sorpresa.

No me gustaba en absoluto lo que veia en el espejo. Supongo que los encajes que me probaba no eran tan delicados como los que pensaba escoger, pero desde luego, ésa del reflejo no era yo. O al menos no en mi mejor momento. Quizás estos vestidos se vuelven elegantes en modelos espigadísimas o en princesas, pero en mí no tenían sentido alguno. La idea creativa en la que habíamos trabajado se iba al traste.

Entonces recordé un vestido de Delphine Manivet que me había probado al comienzo, en Love is in the Air. A pesar de que me parecía ideal, lo había descartado porque me parecía más apropiado para una boda en el campo o en la playa que para una misa tradicional en Los Gitanos. En cualquier caso, llevé a mi madre a que lo viera.

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Cuando me lo vio puesto, dijo las palabras mágicas que toda novia espera que se materialicen en la búsqueda del vestido: “Ana, esa eres tú”.  Y sí, tenía toda la razón. Sin embargo, la idea de llevar algo prêt à porter que ya habían llevado o elegido otras personas para su día especial no terminaba de convencerme. De nuevo, salí de allí llena de dudas.

A la mañana siguiente, con todo este caos, nos presentamos en el taller de Maruca y le contamos la situación, las dudas con el encaje, lo bonito que era aquel vestido tan sencillo, lo que me gustaba el lencero pero también las faldas importantes… y por fin, después de horas dandole vueltas, vimos la luz.

Trabajaríamos en un vestido a medida, siguiendo la idea de top lencero y falda, pero haríamos un top más comedido para una ceremonia religiosa y una  falda  con más protagonismo; encaje y drapeado para aunar así todos los elementos que me gustaban. De repente, todo encajaba. Todas las piezas del puzzle se juntaban. Yo siempre he llevado faldas especiales (brocadas, de encaje) con cuerpos súper sencillos, incluso camisetas de algodón, para eventos señalados. Siempre ha sido uno de mis combos favoritos. Así que la idea era 100% yo pero unía todas esas referencias que estaban en mi cabeza.

El complemento final sería la tiara antigua de la familia del novio y una mantilla… Pero aquí también habría sorpresas. Aunque eso ya lo contaré, el caso es que teníamos por donde empezar.

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Las fotos son de Ana Encabo, los bocetos y moodboards son propios.